viernes, 15 de enero de 2010

MI VECINA



Los vecinos del frente de mi casa son una pareja de jubilados que vive con una de sus hijas. Ella cuida de ellos ahora que la necesitan tanto. Una hermosa forma de enviar un mensaje de esperanza y amor a un mundo que cada vez se torna más indolente.
     Hace poco, cometí un grave error. Al salir de la casa, cerrar la puerta que automáticamente queda con llave y luego dar los cinco o seis pasos que separan esa puerta de la de barrotes de hierro,  ¡supe que había hecho lo impensable! Esa mañana estaba apurada. Tenía montones de cosas que hacer y, como estaba sola, pensé ir a la cafetería cubana que está a unas cuadras de mi casa y comprar un café con leche al mejor estilo miamense.
     Tomé mi bolso, las llaves del carro, los lentes de sol y salí, cerrando tras de mí la puerta principal. Cuando metí las manos dentro del bolso, recordé que durante la noche había sacado las llaves y las había puesto sobre la mesa del comedor. ¡Nooo! ¡No puede seeer! ¡Estaba atrapada entre las dos puertas de la casa y no tenía las llaves para abrir ninguna de ellas!
     Aturdida aún, abrí nuevamente mi bolso para sacar mi celular y llamar a... ¡recordé que todavía estaba enchufado al cargador de batería! Empecé a desesperarme y a tratar –inútilmente– de abrir la puerta de madera con un clip de mi escritorio. Estuve en eso como media hora, sin ningún resultado.
     Busqué con la mirada el carro blanco de mi vecina. No estaba. Ahora sí que me sentí desesperada. Me senté sobre las lozas color crema de mi prisión de ocho pies cuadrados, y pensé: «No puedo quedarme aquí todo el día... ¡tengo tantas cosas que hacer!»
     En ese momento sentí el ruido de un motor andando. Era mi vecina. Me levanté de un salto y comencé a gritar su nombre, gesticulando en forma frenética. Enseguida que me vio, vino hacia mí. Le conté lo ocurrido y me prometió que volvería con todo resuelto. Regresó a los diez minutos con un café con leche delicioso, unas tostadas riquísimas y asegurándome con la más amplia de sus sonrisas, que el cerrajero venía en camino. 
     Mi vecina es una cubana hermosa, de pelo y ojos claros e irradia una luz de ángel cuando te habla. Aquella mañana de domingo me hizo sentir que nunca estaré sola mientras la tenga cerca. 


(Chari)

1 comentario:

  1. Bello! Me encantó la historia. Que bueno que pudiste saborear tu cafecito cubano. Besos!!!

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