que traes a mi mente
recuerdos del pasado...
tu puerta, tan inmensa;
tu patio tan soleado.
El árbol de cerezas,
aquel horno de barro...
Casona de la infancia,
tu pasillo recuerdo.
Mis pies, que tantas veces,
jugando recorrieron
y con tiza figuras
mis manos te ofrecieron...
Casona de la infancia,
¿recuerdas, tú, mis juegos?
Hoy traes a mi mente
olor de los inviernos:
Aroma de la tierra
mojada, y del romero.
Casona de la infancia,
todavía te quiero.
¿Recuerdas a la niña
que jugaba en tu suelo?
¿Recuerdas, cuando un día
lluvioso del invierno
mis ojos contemplaban
tu techo tan inmenso?
Mi mirada grababa
en el alma esos recuerdos
(...pero aún no sabía
¡que dolería hacerlo!)
Allí veo a mi madre
adormando paredes
con cuadritos de flores...
...planchando los manteles,
doblando las cortinas,
haciendo los quehaceres...
Casona de la infancia,
de aquel tiempo y mi gente.
También veo a mi padre
tocando su guitarra.
Sentada junto a él
acordes se me graban...
Mi alma entera guarda
su música y su cara.
(¡Qué lástima que nunca
siquiera lo notara!)
Casona, dí si tienes
grabado en tus rincones
mi alegría de niña
y mi llanto de pequeña.
Devuélveme la risa,
¡necesito tenerla!
Yo te regalo el llanto,
mi tristeza y mis quejas.
Devuélveme lo hermoso
de aquel tiempo sin fecha.
Quédate con lo triste,
¡cúbrelo con la tierra!
Y dame los momentos
más felices que puedas,
que hoy quiero recordarte
¡con el alma hecha fiesta!
(Chari, marzo, 1987. Copyright © Library of Congress)

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